Llansol vivió buena parte de su exilio en Herbais, Bégica. Tal vez por eso los tintes sombríos con los que se describe en el texto al Señor de Herbais, rico hacendado, dueño de la casa, que luego evoluciona a figura proteica de persona, animal, objeto, incluso multitud expresiva de su infinita diversidad: «¿qué nombre darle?». Hay en el título de este texto todo un compendio de los ensayos en los que la autora responde a la pregunta de qué cuenta en sus libros: «el malestar profundo de los seres humanos, de los animales y de las plantas, ando en busca de un final feliz. Ando a ver si el fulgor que, a veces, hay en las cosas, es mejor guía que las creencias que tenemos sobre ellas o que los pensamientos que a propósito de ellas se nos ocurren».
Llansol vivió buena parte de su exilio en Herbais, Bégica. Tal vez por eso los tintes sombríos con los que se describe en el texto al Señor de Herbais, rico hacendado, dueño de la casa, que luego evoluciona a figura proteica de persona, animal, objeto, incluso multitud expresiva de su infinita diversidad: «¿qué nombre darle?». Hay en el título de este texto todo un compendio de los ensayos en los que la autora responde a la pregunta de qué cuenta en sus libros: «el malestar profundo de los seres humanos, de los animales y de las plantas, ando en busca de un final feliz. Ando a ver si el fulgor que, a veces, hay en las cosas, es mejor guía que las creencias que tenemos sobre ellas o que los pensamientos que a propósito de ellas se nos ocurren».