Mario Grande, traductor de la Colección Llansol, nos descubre el concepto de figura según la célebre autora.
Los seres de una obra
Una característica importante de la obra de Maria Gabriela Llansol es que está poblada de figuras en vez de personajes. En literatura, tanto figura como personaje se emplean indistintamente para referirse a los seres reales o imaginarios que aparecen en una obra literaria. Son sinónimos. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre figura y personaje en la obra de Llansol?
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Presencias futuras
En palabras de la autora, los personajes remiten a la literatura realista y siguen las reglas de la verosimilitud. Por ejemplo, don Quijote y Rocinante son verosímiles, incluso los gigantes pues sabemos que son molinos de viento y no seres fabulosos. Igual que Ulises, la Celestina, Emma Bovary o el coronel Aureliano Buendía. Es decir, los personajes son creíbles, son posibles. Lo sabemos por experiencia. En cambio, en la obra de Llansol las figuras no siguen las reglas de la verosimilitud. Llansol crea seres futuros a los que llama figuras y define como reales no existentes. Es decir, reales en tanto que nombrados y probables; no existentes porque son seres futuros, están por venir. Porque su necesaria presencia aún es insuficiente.
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El eterno retorno de lo mutuo
Esos seres futuros pueden proceder de personalidades históricas o míticas conocidas, personas anónimas, animales, plantas, cosas, frases, ideas, sensaciones, objetos o eventos. Esto, que en primera lectura causa extrañeza, viene a amplificar el pensamiento, habitualmente limitado a esas pocas facetas de lo humano que llamamos realidad. El pensamiento en Llansol es emotivo, imagético, vibrante y transformador. Abierto a otras percepciones de lo real. Abierto a todo lo vivo. Por eso las figuras de la obra de Llansol no representan lo archisabido, no buscan ordenar el desorden, sino que son el germen de lo nuevo: comunidades sin jerarquías que abarquen la totalidad de lo real. Por eso las figuras son tan variadas y cambiantes. No están en el espacio y el tiempo de los personajes. Incluyen todo lo que excluye el viejo discurso humano. A diferencia de los Seis personajes en busca de un autor de Pirandello, las figuras de Llansol no reclaman un hueco en lo realmente existente, sino que emprenden un nuevo camino. Por ejemplo, significativamente en una autora en lengua portuguesa como Llansol, Camôes muta en Comuns, el pobre, liberado de la impostura del poder de la Historia de los vencedores. Las figuras ensayan nuevas experiencias de relación, creando comunidades que no están basadas en el poder sino en pactos de no anulación mutua. Es lo que Llansol denomina el eterno retorno de lo mutuo, otra de sus figuras, que es una metamorfosis del eterno retorno de Nietzsche. Todo un mundo nuevo por descubrir.
Y recuerda:
Los libros 1 al 4 de la colección Llansol ya están disponibles aquí. Puedes leer más sobre el universo llansoliano en este otro artículo de Mario Grande.